Desarrollo personal, salud, maternidad, nuestra experiencia en el extranjero y cosas de la vida misma.

Reflexiones y confesiones

Hola mis queridisimos lectores! hoy os traigo reflexiones personales sobre mis sentimientos, emociones sobre mi faceta profesional como enfermera y cómo ha venido de la mano todo éste tiempo conmigo durante el reencuentro conmigo misma y con mi cambio interior. Hoy os cuento ésto por si le puede servir de ayuda a alguien que esté , o pase en el futuro, por una situación similar, de crisis laboral o existencial. Y mandarles toda la buena energía y el ánimo porque estoy segura de que encontrarán el camino , al igual que yo estoy encontrando el mio. Y puede que mañana piense de diferente forma y cambie de rumbo, pero en este instante es lo que siento. Así que acompañarme en ésta historia de descubrimientos sorprendentes…

Hoy la entrada iba a ser otra, sin embargo, como muchas veces me pasa cuando me pongo a escribir, empiezan a rondarme ideas, sentimientos y diferentes emociones, entonces ocurre que me pongo a escribir sobre algo que no tenía planeado y que me vibra más, sobre todo cuando son reflexiones y no necesito documentarme. Es lo bonito y lo que me gusta de esto, que a veces surgen entradas espontáneas como ésta, con las que contaros como fue mi experiencia y con las que ¿ por que no? emocionaros a algun@s de vosotros.

Al hilo de lo que os quería contar ( que me pierdo…), estoy a punto de recibir mi número pin o número como colegiada en enfermería aquí en Irlanda y a día de hoy me siento emocionada ante los nuevos horizontes y proyectos profesionales que se avecinan. Sin embargo debo confesar que cuando inicié todo el papeleo ( sin la ayuda de mi familia, no hubiese sido ésto posible,¡mil  gracias!)tenía sentimientos encontrados y más encontrados hacia la parte negativa que la positiva, ahora os aclaro esto.

Puedo decir que he vivido en mis propias carnes el síndrome del burn out o síndrome del quemado, de hecho quería titular éste post, reflexiones de una enfermera quemada, hastiada o asqueada, sin embargo a día de hoy me rechina el adjetivo.

Confieso que me fui de España con la idea de no volver jamás a ejercer como enfermera, es más, empecé a formarme en coaching, con la idea de buscar nuevos horizontes, empezar de cero profesionalmente y darle un giro completo a mi vida laboral. Me fui sin arreglar ni un sólo papel o iniciar trámite alguno para poder colegiarme en Irlanda. Lo tenía clarísimo, adiós enfermería, adiós para siempre.

No entendía cómo había podido pasar tantos años aguantando malos modos de otras personas, había días que me preguntaba con amargura, una y otra vez que narices hacía ahí metida todo el día en el quirófano, sin recibir un sueldo digno, un gracias, no de los pacientes por supuesto, porque no están para eso, nuestra labor es ayudarlos incondicionalmente y ante todo me consideraba una buena profesional, lo daba todo por ellos porque no tenían la culpa de mi malestar, ni de mis problemas, no así como a veces veía tratos un tanto desagradables por parte de otros compañeros, lo que me quemaba aún más… Recuerdo la angustia de aquellos días, cuando había cirugías que no había asistido nunca o no tenía tanta experiencia, por miedo a alguna bronca o choque con algún cirujano o miembro del equipo, miedo a no dar la talla en una operación o ante la llamada nocturna al busca cuando estaba de guardia. Miedo a las personas que trabajaban conmigo. Me sentía pequeña, frágil, vulnerable y poco reconocida, también en ocasiones inútil y sobre todo muy, muy desdichada. Tenía el sentimiento de que no era útil y que no estaba ayudando a nadie. Culpé mil veces al sistema, a los jefes, al sueldo, a los horarios y a mi misma por no haber estudiado otra cosa con la que sentirme mejor y más importante. Tenía ansia de reconocimiento que nublaba la labor tan bonita que estaba haciendo y empañando dentro de mi mente el nombre de la enfermería.

Algunos amigos, conocidos, familiares, compañeros y personas extrañas que no conocía de nada, no ayudaban con sus comentario nada afortunados, que los había, siempre habrá personas que se sientan superiores a los demás, o supremamente negativas que lo ven todo absolutamente oscuro. Lo peor de todo era que yo sólo atendía a esos comentarios, en vez de a los bonitos y positivos y permitía que entrasen en mi interior como mazas que iban hundiendo mi autoestima más y más, a la par que me dejaba contagiar por las malas vibraciones de los demás y por el hastío de los que se sentían así en el trabajo o dentro del gremio. Aun recuerdo algún comentario de alguna enfermera con muchos años de experiencia durante las prácticas, que me aconsejaban que estudiase otra cosa porque la enfermería quemaba demasiado. Una vez más no atendía a aquellas que iban con una sonrrisa cada mañana, curiosamente en los servicios donde la desgracia humana era más explícita.

A este panorama personal se le sumaba el tema de que tampoco tuve el valor de cambiar de aires y solicitar un desplazo a planta o simplemente cambiar de hospital, servicio o plantearme hacer una especialización. Vaya, con el tema de la especialización hemos topado. Desde que empecé y terminé la carrera siempre tuve claro que me encantaba la especialización de matrona, pero claro, otra vez los comentarios hostiles martilleaban mi cabeza, “es casi imposible que yo lo consiga”, ” es muy difícil y si otras compañeras más listas no lo lograron ¿cómo lo coy a lograr yo?” etc.

Si os fijáis, mis conversaciones interiores, mi filtro mental , el concepto de mi misma y mi propia valía estaban siempre orientados y focalizados hacia el lado negativo de las cosas…Ahora me doy cuenta de que mi propia autoestima estaba en manos de los demás en vez de en mi interior y eso es muy, muy peligroso. Durante años la busqué fuera, ignorante de mi, cuando en realidad, al igual que la felicidad, está en el interior de cada uno de nosotros.

Y ahora viene lo profundo y lo bonito de ésta historia, creo que llevo en proceso de cambio y superación desde que era muy pequeña, sólo que no era consciente de ello. Me considero una persona en constante evolución( sólo que antes no lo sabía), a veces con evoluciones más rápidas y otras más lentas.

Cuando conocí el coaching, me conquistó, tengo que decirlo, así que después de mucho darle vueltas a la cabeza decidí hacer el máster en coaching con el firme propósito de darle un giro por completo a mi carrera profesional, empezar de cero y buscar nuevos horizontes que me hiciesen más felíz. De hecho comentaba con compañeros y profesores que mi objetivo con el coaching era cambiar de profesión y lo decía tajantemente.

Sin embargo lo que encontré ha sido muchísimo más que eso y hoy me alegro enormemente por ello. Me he reencontrado conmigo misma, con mis miedos, mis flaquezas, mis traumas y también, con mi valía, mis fortalezas, mis virtudes, y todo mi potencial y fuerza, dormidos…También con la posibilidad de cambiar y avanzar al lugar que realmente quería estar. Era hora de despertar, hacia una nueva vida, que curiosamente y sin esperarlo me mandó a Irlanda, y sabeis…creo que no es casualidad, si no causalidad y se que estoy aquí porque si no éste despertar no hubiese sucedido.

Empecé a encontrar y a darme cuenta de mecanismos de torura que yo misma empleaba conmigo misma por medio de mis propias palabras y pensamientos( no eres capaz, no vales, eres frágil, vulnerable ,tonta, pequeña e insignificante…), palabras que empecé a darle la importancia que tenían y poco a poco cambiarlas por palabras positivas de fuerza , de valía y de coraje. El cuidado con las palabras, hizo que poco a poco fuese cambiando, a su vez, los pensamientos y juicios que tenía sobre mi. Y así poco a poco todo comenzó a cambiar…el mundo exterior empezó a ser mejor y también las personas nuevas que llegaban a mi vida( y todas las que se han quedado del pasado que ya eran maravillosas). Me fui alejando sin preocupación de personas que no me aportaban cosas buenas y fui consciente de que se puede elegir, amistades, profesiones, estilo de vida…

Me di cuenta que toda mi vida me había estado fijando en el lado malo de las cosas, que había hecho gran mella en mi y en mi visión del mundo, olvidando que existe un lado bueno, positivo y hermoso y es una opción cogerlo o darle de lado. Empecé a comprender que la vida es como la queramos ver, y que si no aprovechamos los momentos y nos dejamos vencer por el miedo, nos perdemos muchas cosas, nos marchitamos y morimos en vida. Así que decidí elegir el lado positivo y desterrar las anticipaciones catastrofistas de cosas que ni eran reales , ni habían ocurrido, tan sólo estaban en mi mente.

Me di cuenta de que  a parte de personas que gritan o tratan mal a otras, en todos los años que estuve trabajando me había olvidado de todas las personas maravillosas que he conocido en los hospitales y centros de salud por los que he pasado, pacientes, compañeros y amigos y que aun hoy muchos de ellos, forman parte de mi vida, aunque sea en la distancia.

Me di cuenta al ver una rana verde enorme que aun mi familia conserva, lo agradecidas y satisfechas que han estado muchas personas con mi dedicación, mi atención, mi escucha y mis cuidados. Tenía infravalorada esta palabra, cuidar a los demás, y lo bonita y humana que es…

Me di cuenta que me había olvidado de lo satisfecha y completa que se siente una cuando has podido tranquilizar y apoyar a alguien tan sólo con escucharle o darle la mano o simplemente teniendo paciencia con ellos y no tomarse los malos gestos de los demás como algo personal… Todos tenemos malos días. Y todo esto por encima de todo lo negativo que pensaba.

Seguí dándome cuenta, de cuantos días en los que me sentí útil y con el trabajo bien hecho, las risas con los pacientes y los compañeros, la satisfacción de alguien a quien se le cierra una herida física y también emocional, la gratitud del cirujano con una mirada o con su mano en tu hombro por haber tenido tanta paciencia y dedicación durante una operación.

Como ya os habréis dado cuenta ni la enfermería, ni los compañeros, ni el sistema, ni los jefes, ni las noches sin dormir en casa, han tenido la culpa, si no mi propia falta de autoestima y mi visión negativa del mundo lo que hacían sentirme así, pequeña, insegura, poco válida e insignificante.

Doy gracias a todo lo que he vivido y aprendido hasta hoy porque sin todo ello no lograría haber llegado hasta el punto en el que estoy.

Me di cuenta, el día que me fui último trabajo la cantidad de personas, amigos y compañeros que me valoraban y que dejaba atrás.Y sobre todo me doy cuenta que una vez que me recuperé yo misma de mis propias heridas, empecé a echar de menos la enfermería y que yo ya no era la misma.

Es curioso que buscando deshacerme para siempre de la enfermería, he llegado a querer más que nunca esta profesión y a reencontrarme con ella… lo más curioso aun es cómo me molestaba escuchar a los profesores de coaching decir que a veces lo que pensabas que era no es.  Y cómo en ocasiones no hace falta un cambio drástico o radical, si no un cambio de miras, de punto de vista. Y cómo en muchísimas ocasiones, uno cambia completamente de objetivo llegando a lugares insospechados…y tanto. Donde resulta que en mi caso no había ni que moverse del sitio… Buscaba un cambio y claro que lo encontré, dentro de mi misma.

He encontrado lo trascendental de los cuidados, la importancia que tienen y me han hecho no sólo cuidar en el inicio de la vida, si no también lo bonito y hermoso que es acompañar a las personas en el final de ella.

Ahora se que estoy lista y  preparada para empezar de cero, de seguir viviendo el presente con alegría, aprovechando cada instante y de ver el futuro, por fin sin temor, libre ya por fin de los tormentos de la mente. De darlo todo con los pacientes, de desarrollarme profesional y personalmente y elegir hasta donde quiero llegar. Ya no tengo hambre de reconocimiento porque el reconocimiento está dentro de mi, tan sólo de ayudar y acompañar. Llevo conmigo herramientas muy poderosas, mi persona con todo lo que sabe ahora y al coaching, al que le estoy y estaré eternamente agradecida y con el que se que ayudaré a muchas personas, porque gracias a el y a mis experiencias, me siento más humana que nunca. Y cómo no, de lograr mi gran sueño, para el que ahora me siento totalmente capaz, el de ser yo la que acompañe y apoye, algún día a cientos y cientos de parturientas para que consigan creer en sí mismas y logren su parto natural y con final felíz o quizás a miles de personas en los últimos momentos de su vida, momentos a los que no damos importancia porque nos enseñan a sólo poder ver la cara amarga y oscura de los finales y de la muerte. Esté donde esté la Eva del futuro, ahora se que estará tranquila, felíz acompañando y ayudando a muchísimas personas, con seguridad y disfrutando del camino.

Hasta la semana que viene y no olvidéis que siempre hay al menos un motivo para sonreir :).

Muchísimos besos!

 

Eva

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2 Comentarios

  1. Como me alegra leer esas palabras. Espero que sean cuales sean tus sueños, los cumplas y que consigas aquellos que te propongas, porque lo vales y ya has conseguido avanzar mucho.
    Un abrazo grande desde España!

    • evabravo957

      Muchas gracias!, por ahora los de a corto plazo los estoy logrando!. Un abrazo!!

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